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Día de la Suegra: por qué se festeja este jueves 26 de octubre

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Día de la Suegra: por qué se festeja este jueves 26 de octubre

El 26 de octubre se conmemora el Día de la Suegra. Amadas u odiadas. Compañera incondicional de la pareja o dominantes a extremos. Siempre darán que hablar, aunque todos sabemos que la amplia mayoría de ellas (las suegras) circularán prudentes e inteligentemente por “la amplia avenida del medio”, convirtiéndose asiduamente en queriblemente ineludibles.

Su conmemoración data de 1935 en Texas (EE.UU.) cuando el periódico “Amarillo Globe New” del estado de Amarillo decidió crear esa fecha inspirado en otro momento referencial como era el Día de la Madre. El mentor de la iniciativa fue Eugene “Gene” Howe, director periodístico de “Globe New”, quien más allá de la necesidad de producir un hecho comercial, periodístico y propagandístico, necesitaba reconciliarse con la madre de su esposa tras haberse mandado una “macana” y por consiguiente estipuló interesadamente una fecha como “el día de las suegras”, quedando desde ese tiempo, y fortuitamente, establecido para siempre.

Fue famoso un desfile de comparsas organizado en 1940 por el mismo “Gene” Howe en Texas, con la inusual carroza promovida como “más larga del mundo” de casi 100 metros donde viajaban 650 suegras repartiendo flores y golosinas. En paralelo, otra cuota que dio una enorme popularidad al desfile de ese día, fue la presencia de Anna Eleanor Roosevelt, activista y escritora, pero también la primera dama estadounidense, casada con el presidente Franklin Roosevelt (su primo lejano).

Ella se encontraba en Amarillo durante una gira de conferencias y se unió a los festejos siendo homenajeada con el «ramo de flores más grande del mundo» compuesto de 4.000 rosas. Una grúa mecánica, le arrimó las flores a Eleanor hasta el palco, mientras una banda de cientos de músicos y bailarines cerraban la celebración que agotó todos los alojamientos y hoteles de la zona, convirtiendo al pueblo en la sede anual de la conmemoración. El día de la suegra pasó entonces a ser una política de estado para Amarillo.

Tras ello y por el impacto positivo que tuvo, la Asociación Estadounidense de Floristas solicitó al gobierno que convirtiera este día en una fecha nacional para poder alcanzar a todos los estados norteamericanos. Muchos años después se aprobó esta solicitud y se incorporó en el calendario oficial de celebraciones estadounidenses, pero trasladándose al cuarto fin de semana de octubre.

En Argentina, las redes sociales han viralizado el festejo recientemente, siendo desde 2018 cuando tomó una forma más sistemática. A tal punto fue la masiva trascendencia social adquirida por la conmemoración en Argentina, que en la empírica y casi mítica lectura de los sueños que usualmente es consultada por los fanáticos seguidores de la quiniela, el soñar con “la suegra” representa el número 84, cuando histórica y habitualmente a ese número se lo sindicaba con “la iglesia”.

Las suegras de los próceres de la historia nacional

Indudablemente ser un prócer en Argentina no sirvió de mucho para que la suegra te aceptará. Fue el caso de San Martín, cuya madre de Remedios, la distinguida Tomasa de la Quintana de Escalada, se cansó de decirle a su hija que “cómo iba a cambiar al bueno y millonario de Gervasio Dorna por el ‘soldadote’ de José de San Martín que no tenía ni dónde caerse muerto”. O el caso del pobre Manuel Belgrano cuando enamorado de Josefa “Pepa” Ezcurra, la hermana de Encarnación y cuñada de Rosas, la escondieron a “Pepa” en una estancia del sur de Buenos Aires para que no se encontrara con Manuel, y a los años la casaron con su primo veterano, el español Juan Esteban Ezcurra. Y siguiendo la misma mala suerte cuando Belgrano conoció a su otra novia: Dolores Helguero, para alejarla del creador de la Bandera y del hijo que habían tenido también la casaron con otro: un tal Rivas.

Otro caso interesante debió haber sido Sarmiento. Seguramente a Dalmacio Vélez Sársfield, y especialmente a Manuela Velázquez Piñero de Vélez, no debió haberles caído nada bien enterarse por los rumores de “la chusma” que su joven hija Aurelia estaba “noviando” clandestinamente con el viejo e íntimo amigo de la familia: el loco Sarmiento.

Complejo, o no, debió haber sido también aceptar a un yerno como Justo José de Urquiza y su mito de “los 120 hijos”, aunque reconocidos oficialmente fueran 23 los niños. Cuando Urquiza murió asesinado en 1870, su hijo mayor tenía 50 años y su hijo menor 3 meses. Siendo imparcial, expondremos que si las madres (suegras), de la más de treinta novias que tuvo (entre oficiales y no tanto), no lo querían al yerno (más allá de ser un expresidente) tenían razón.

Pero existe un caso en Mendoza que rompió todos los cánones. Digno de una novela policial o de las crueldades que han pasado en las cortes imperiales europeas. Y fue el caso de Luz Sosa de Godoy Cruz, la mujer de congresal en Tucumán y gobernador de Mendoza en dos oportunidades, cuando enamorada de su yerno, el médico alemán Federico Mayer, lo mandó matar por dos sicarios: los hermanos Estaban y Martiniano Sambrano. Indudablemente, como expresará el mezquino dicho popular: “lo que no es era para mí, no es para nadie”, ni aún, para su hija Aurelia Godoy Cruz.

Para terminar; una historia distinta y “por la positiva”. Menos conocida, pero muy de aquella época, y con cientos de parecidos. Pudo haber sido la historia de Teresa Bergolini Floreani, la italiana mamá de Margarita y Olivia Bondino, y futura suegra del “tano” Juan Giol y del “suizo” Bautista Gerónimo Gargantini. Lo cierto fue que el imaginario y novelado largo viaje por meses en barco desde Europa a Argentina debió haber generado un lógico acercamiento entre las chicas y los muchachos. “Antonio; sabes que noto hablar mucho a las nenas con aquellos muchachones. Y para colmo, me enteré que el padre de uno de ellos (por Pietro Gargantini) es político”, probablemente eso le expresó la sabia y perceptiva futura suegra Doña Teresa a su marido Don Antonio Bondino. “Déjelos, mujer. Solo están conversado porque el viaje es muy largo y deben estar aburridos. No te preocupes; mientras no les guste el vino”, pudo haber sido la respuesta en base a la tolerante intuición errónea de cualquier suegro.

El mito de la suegra mala

Mucho tuvieron que ver los mitos griegos en la injusta (mayoritariamente) mala fama de las queridas suegras. Venganzas, odios, sacrificios, asesinatos, traiciones, atrocidades, promiscuidades, envidias, relaciones incestuosas, zoofilias, antropofagia, inundan las relaciones y desenlaces entre las madres de los dioses míticos y sus nueras y yernos legendarios. Gea, Rea, Atenea, Goya, Filomela, Yocasta, Clitemnestra, Fedra, Casandra, entre varias, ocuparán espacios preponderantes en estas tramas. También la leyenda romana de Agripina, la madre que sedujo a su hijo: Nerón, a quien no le quedó otra que enamorarse de su caballo.

Pareciera que tamaños mitos “calaron hondo” en el exagerado folclore social cotidiano. Lo cierto es que, en el día de la suegra, miles de merecidos mensajes afectuosos y simpáticos coparán las redes sociales.

Criticable e injusto, las suegras han sido motivo de cientos de machistas (o feministas) cuentos sarcásticos, propios de ciertos rasgos posesivos de nuestra matriz cultural criolla, de innumerables refranes picarescos que se fueron trasladando por generaciones y de exageradas personificaciones que engendraron una imagen (caricaturesca; aunque inoportuna) que llenó el mundanal conventillo del imaginario popular. Plausibles de tendenciosa “mala prensa” y presa fácil de anónimas animadas chanzas, fueron catapultadas cruelmente en el papel de entrometidas (“vieja metida” porque no se queda en su casa, es frecuente escucharlo), de alardear ser excelente cocinera ante “la otra que no hace ni un huevo frito” e impiadosas ante la persona que les “robó” al nene o la nena para casarse sin saber ni siquiera planchar una camisa o ser un vago de morondanga. O inclaudicables en su papel de detective persiguiendo “al otro” (el yerno o nuera como un impostor) que no merecía a su hijo o a su hija.

En fin. Lejos de lo relatado: feliz día de la suegra, con el enorme cariño de siempre. Un beso. Gracias, por tanto. Su hija, afortunadamente tiene muchísimo de Usted.

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