Lo que no se vio del Road Show de Franco Colapinto: de Luck Ra y la Sole a las historias en primera persona de los fanáticos de la F1

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Desde Salta, Rosario y Santiago del Estero; Chubut, Córdoba y Santa Fe; distintos puntos de la Capital Federal y numerosas provincias del país. Cerca de 600 mil personas —según estimaciones del gobierno porteño, lo que representaría un récord histórico para un evento de Fórmula 1— se congregaron este domingo en los Bosques de Palermo, convocadas únicamente por la presencia de Franco Colapinto.

Lo que no se vio del Road Show de Franco Colapinto: de Luck Ra y la Sole a las historias en primera persona de los fanáticos de la F1
Lo que no se vio del Road Show de Franco Colapinto: de Luck Ra y la Sole a las historias en primera persona de los fanáticos de la F1

El piloto pilarense hizo vibrar el asfalto de las avenidas Libertador y Sarmiento, en las inmediaciones del Monumento de los Españoles, al volante de un Lotus E20 de 2012 con el diseño actual de Alpine. Los fanáticos, emocionados, celebraron cada pasada, cada aceleración, contagiados por el carisma y la calidez del argentino. Así, el corazón verde de la ciudad vivió una jornada inolvidable.

Con camisetas y banderas argentinas, remeras y gorras de la escudería francesa, monos de competencia y prendas de otros equipos de la máxima categoría, el público llegó temprano. Aunque las tribunas abrieron sus puertas a las 9, desde horas antes se extendían largas filas en los accesos. A las 12:45, cuando estaba prevista la primera salida de Colapinto a pista, numerosos espectadores ya se ubicaban cerca de las vallas en los sectores de ingreso gratuito.

El ingreso se habilitó alrededor de las 9:30, y la multitud, ansiosa, aplaudía y cantaba pidiendo entrar. La mayoría se dirigió a las zonas de Fan Fest, donde se instalaron puestos de comida, simuladores —entre ellos el más concurrido, el de Pirelli, que ofrecía la experiencia de realidad virtual de conducir un monoplaza— y el local de merchandising oficial de Colapinto, que registró constante movimiento de compradores.

En un día de clima cambiante, con sol, nubarrones y algunas gotas, los artículos más demandados fueron buzos y camperas impermeables, con precios entre 90 mil y 135 mil pesos, habituales para un evento de esta envergadura. También se vendían remeras, chombas, gorras, paraguas, vasos, adhesivos, llaveros y cuadernos, con valores que oscilaban entre tres mil y 110 mil pesos.

Poco después de las 10:30, la voz por los parlantes anunció la llegada de Franco al escenario central para una entrevista con Juan Fossaroli. Este anuncio provocó que los asistentes dejaran sus actividades y carreras para asegurarse un lugar privilegiado. Aunque la principal expectativa era ver un Fórmula 1 en acción, la posibilidad de compartir un momento con Colapinto resultó una gran atracción.

«Cuando supimos que esto iba a suceder, no podíamos perdérnoslo. Mi suegro compró las entradas en cuanto salieron. Apoyamos a Franco desde hace dos años y medio, así que hoy queríamos estar. Es una persona transparente, humilde y muy agradecida con quienes lo apoyan. Imposible no adorarlo», explicó una familia de Villa Urquiza.

Desde Salta llegó un abuelo con dos nietos y su hija: «Vinimos muy lejos, pero valió la pena. Desde que corre Franco me interesó la Fórmula 1, y a ellos también. Siempre vemos las carreras, a cualquier hora, así que este espectáculo es magnífico», destacó.

Un joven fanático de Lomas de Zamora dijo: «Lo sigo hace mucho y me encanta la F1. No podía perder la oportunidad de verlo y de ver un auto de Fórmula 1, algo muy raro que suceda acá».

El sonido de la música en los stands y los shows en vivo —con presentaciones de Soledad Pastorutti y el cordobés Luck Ra— se mezclaba con el murmullo constante de una multitud integrada por mujeres, hombres, niños, adolescentes y adultos; fanáticos veteranos y muchos que descubrieron la categoría reina gracias a Franco. Sin embargo, el ruido se apagaba cada vez que Colapinto se preparaba para salir a pista.

Gran ovación recibieron cuando recorrió el circuito una réplica histórica del Mercedes de Juan Manuel Fangio, pero el mayor fervor llegó con la aceleración del Lotus. En su primera pasada, Colapinto reguló la velocidad para que el público apreciara el impecable monoplaza. En la segunda, se soltó, incrementó la velocidad y realizó “donas” en distintos sectores de la pista, recibiendo el entusiasmo generalizado.

Se escuchó entonces el coro: «Olé, olé, olé, olé… Francooo… Francooo». Impulsado por la energía de la gente, el piloto llevó al auto al límite hasta que el motor pareció prender fuego.

«Fue emocionante, se me cayeron algunas lágrimas. El sonido te golpea el pecho. No me sorprendió, porque ya sabía cómo sonaba, pero era lo que más esperaba. Franco genera orgullo. Somos mayores y vimos otros pilotos argentinos en Fórmula 1. Es un honor tenerlo representándonos tan bien», expresó una pareja desde una de las tribunas.

“Fantástico. Escuchar el motor del Lotus retumba en los oídos. Ver cómo patina en la pista es alucinante”, afirmó Piero, llegado desde Unquillo. “Lo esperé mucho y no quería perder la oportunidad. Ojalá esto motive a traer la Fórmula 1 a Argentina, porque el país se lo merece”.

Martín, de Coghlan, aseguró: “Me puso la piel de gallina. Estaba sin tapones y lo disfruté mucho. Estaba cerca de la curva de Sarmiento cuando regresaba